jueves, 4 de abril de 2013

El milagro es pasar a aquello que has descubierto.

Un piano,
un violín, 
sin una manos que los sientan,
no significan nada;
sin unas manos
que entiendan su lenguaje,
esas manos, a veces olvidadas,
en el mismo sonido
que producen, 
y que sin embargo
arrancan esas notas, 
las cuales,
cuando cierro los ojos
me trasladan
a donde quiero estar.
La música del corazón,
sencillamente olvidada
en el ruido
de los pensamientos,
esos que se producen
y cuyas manos
no conocemos,
no tenemos presentes.
Pensamientos 
que se retuercen,
que se afanan en controlar
y que poseen,
aunque se nos olvidé,
como pulsación
el ritmo de cada corazón.
Quiero conocer mis pensamientos,
no para tenerlos controlados,
sencillamente,
para sentir el latir de mi corazón,
con cada uno de ellos.

Amanecer

Cuando el sol comienza a despertar desde mi ventana.